En el año en que Lomas de Zamora celebra sus 165 años, el crecimiento de sus comunidades también abre una discusión sobre lo que viene. El Congreso de la Comunidad vuelve a plantear un mecanismo para que las necesidades, propuestas e ideas de los vecinos se conviertan en prioridades de las políticas públicas del próximo año.
Hay una forma de celebrar la historia de una ciudad que consiste en mirar todo lo que se construyó. Y hay otra, complementaria, que obliga a preguntarse qué ciudad se quiere seguir construyendo.
En Lomas de Zamora, esa mirada hacia adelante tiene un espacio concreto: el Congreso de la Comunidad, que este año volverá a reunir las propuestas surgidas de los distintos barrios y sectores del distrito para proyectar las políticas públicas de 2027.
La experiencia del año pasado permite entender por qué el Congreso no es solamente una jornada de participación. En diciembre de 2025, más de 3.000 vecinos participaron de 17 comisiones temáticas y las propuestas surgidas de esos encuentros fueron utilizadas como insumo para elaborar el Plan de Gobierno de la Comunidad 2026.
Es decir, lo debatido no quedó en una lista de pedidos: se convirtió en parte de la planificación del año siguiente.
Un puente entre las necesidades de hoy y las políticas de mañana
Durante 2026, esa dinámica continuó con distintas instancias de participación. Los Precongresos y las mesas de trabajo permitieron llevar las discusiones a las comunidades y abordar temas vinculados con salud, educación, ambiente, seguridad, producción, infraestructura, cultura, deporte y desarrollo comunitario.
El recorrido tiene una lógica concreta: primero aparecen las necesidades y propuestas de quienes viven cotidianamente en cada lugar; después, esas inquietudes se ponen en común y se trabajan por áreas; finalmente, el Congreso permite ordenar prioridades para incorporarlas a la planificación del año siguiente.
Por eso, el encuentro de septiembre puede leerse como un puente entre la participación de la comunidad y la construcción de políticas públicas.
Y esa mirada adquiere todavía más importancia en una ciudad que, después de 165 años de historia, continúa transformándose.
Santa Catalina, una comunidad que también cambia
Como sucede en distintos puntos de Lomas, Santa Catalina forma parte de ese proceso de transformación.
El crecimiento de una comunidad no se mide únicamente por la cantidad de viviendas o por las obras que aparecen en sus calles. También se expresa en las nuevas demandas que surgen, en las instituciones que se fortalecen, en los espacios de encuentro que se generan y en las expectativas que los vecinos tienen sobre el lugar donde viven.
Pensar Santa Catalina hacia adelante implica, entonces, reconocer ese recorrido y discutir qué hace falta para acompañar los cambios de los próximos años.
Ahí es donde la participación adquiere un valor particular: quienes conocen las necesidades cotidianas de una comunidad también tienen algo para aportar cuando se define hacia dónde debe orientarse la gestión.
El Congreso busca justamente ordenar esa experiencia acumulada y convertirla en una agenda común para todo Lomas.
Una ciudad que se piensa desde sus comunidades
Lomas de Zamora es un distrito amplio y diverso, con realidades diferentes entre sus localidades y barrios. Por eso, una política pública pensada para el futuro necesita incorporar distintas miradas.
Ese es uno de los principales sentidos del Gobierno de la Comunidad: que las decisiones no se construyan únicamente a partir de diagnósticos generales, sino también desde el intercambio con quienes viven, trabajan, estudian y participan en cada comunidad.
El Congreso de 2025 mostró que esa participación puede convertirse en planificación. El de 2026 busca dar un nuevo paso: reunir las conclusiones de los encuentros realizados durante el año y utilizarlas para definir las prioridades que formarán parte de la agenda de 2027.
Para Santa Catalina, como para el resto de las comunidades de Lomas, la discusión vuelve a abrirse.
Mirar 165 años de historia, pero también los próximos
El aniversario de Lomas funciona así como algo más que una fecha para recordar el pasado. También permite poner en perspectiva una ciudad que fue creciendo, modificándose y generando nuevas necesidades a lo largo de sus 165 años.
La pregunta hacia adelante es cómo acompañar ese crecimiento y cómo lograr que las políticas públicas respondan a una ciudad que tampoco deja de cambiar.
En ese desafío, los congresos tienen un papel central: convertir la experiencia cotidiana de las comunidades en propuestas, y las propuestas en prioridades de gobierno para el año siguiente.
El próximo 12 de septiembre, el Congreso de la Comunidad volverá a poner esa discusión sobre la mesa.
Porque celebrar la historia de Lomas también puede ser una buena oportunidad para algo más: empezar a decidir, entre todos, qué historia se quiere contar dentro de los próximos años.

